Eudocio Ravines

 

Carta a José Carlos Mariátegui

 

 


Redactada: Desde París, con fecha 19 de marzo de 1929.
Fuente: Ricardo Martínez de la Torre, De la Reforma Universitaria al Partido Socialista. Apuntes para una interpretación marxista de la Historia Social del Perú, Lima: Ediciones Frente, 1943; páginas 107-109.
Publicación en marxists.org: Enero de 1926.


 

 

 

Mi querido José Carlos:

He perdido ya la cifra de las cartas que le he dirigido sin obtener respuesta. Estaba cuidadoso por su salud, pero he visto una carta suya a Bazán y sé que se halla usted bien. Así mismo he recibido una última de Martínez de la Torre, en la cual me anuncia que pronto recibiré noticias directas de usted. Con nuestro amigo le envié alguna correspondencia, sobre la cual nos interesa conocer, cuanto antes, la opinión de ustedes. Espero que en breve tendré el gusto de recibir carta suya.

No conozco, de manera concreta, la opinión y los acuerdos que haya recaído sobre los informes que hemos sometido a todos los grupos. La discusión, en esta, se prosiguió ardientemente, hasta que llegamos al momento de la votación, votación que nos arrojó una completa igualdad, de uno y otro lado. Por mi parte he continuado la discusión con V. R. hasta donde ha sido posible. Hemos llegado a agotarla y ahora tenemos al camarada en cuestión, que se halla en Berlín, encerrado en el más impenetrable mutismo, después de haber lanzado su renuncia del puesto dirigente que venía desempeñando.

Renuncia, a causa del debate abierto y de las resoluciones votadas aquí, referentes a la organización de un partido de clase. Si bien los infor¬mes presentados por nosotros no pudieron ser aceptados, como tampoco rechazados, en cambio se ha obtenido una gran mayoría sobre diversas mociones, presentadas por nosotros y en las que se halla tácita y explícitamente expresado el fondo de la cuestión. Renuncia así mismo a causa de las criticas enunciadas por ustedes y de la desconfianza o de los reparos hechos desde Buenos Aires y La Paz. La renuncia está redactada en varios textos: conozco el de dos, el de la enviada a ésta y el que dirige al grupo de Méjico; se habla también de otra remitida a Buenos Aires. A pesar de su multiplicidad, el fondo es el mismo. Trata de ser una requisitoria y una acusación; en realidad no sale de un terreno vago, puramente literario, sentimental y hasta patético. La pobreza del documento o de los documentos, como se quiera, es de una pobreza ideológica suprema. Ni un sólo argumento defendiendo un punto de vista doctrinario. Ni una sola frase que revele el deseo de debatir la cuestión y esclarecerla.

El grupo de Paris se vió ante la necesidad de pronunciarse sobre el documento enviado. Este, contenía términos inaceptables; pensé que pedirle la rectificación de tales o cuales pasajes era bizantino y tonto. Había que ir al fondo de la cuestión. Uno de nuestros camaradas. dijo, al oír la lectura de la renuncia: “¡Cuestión de confianza...! Poincaré quiere hacerse plebiscitar”. El rechazo de la renuncia, o su no aceptación se imponía, en mi criterio. Aceptarla no hubiera producido ningún efecto real favorable. Haya, con o sin el título de jefe y, de director, seguirá siendo el mentor de mucha gente izquierdista. su pensamiento será el pensamiento de los camaradas como Heysen, Serafín y tal vez Magda y Herrera. Lo que era imprescindible era terminar el debate y llegar a una entente o a un divorcio. Esto es lo que él no quiere producir: ni lo uno ni lo otro; que las cosas continúen como hasta ahora en que no había más disciplina que una voluntad personal. Y que, en todo caso, la responsabilidad de una ruptura recaiga sobre otro que no sea él. Y que esa ruptura aparezca — lo más importante para el — como producida por cualquiera de los miembros de nuestro grupo o por el grupo en conjunto.

A estas horas, mi caro amigo, ninguna entente es factible. Lo creo improbable, por el momento. Mañana tal vez, ante la presión de los hechos y de la realidad, lograremos obligarlos a unir sus fuerzas a las nuestras, en la lucha. De esto no desconfío. Por el momento me parece imprescindible, necesario, imperativo que cada uno asuma la responsabilidad que le corresponde. He querido asumirla siempre, colectivamente. En mi caso, mi caro José Carlos, estoy plenamente seguro de haber agotado todos los medios, todos los argumentos. Todas las modalidades, para no pro¬ducir una escisión que significara agresión de uno y otro lado. La división —de la que se me acusa — como le he dicho a ellos, no la hago ni la planteo yo; la realiza y la contextura la realidad misma. Entre la pequeña burguesía capitalista y pre-capitalista y el proletariado, hay una frontera pro¬funda: hay una división neta; hay una lucha abierta. activa o en potencia, que no podemos negar ni desconocer: la lucha de clases. Frente a esa división, contexturada y determinada por la realidad, y por la realidad latinoamericana, lo que pedimos es que cada individuo se ubique y se defina y que se constituyan grupos definidos y filiados. ¡Pero... están espantador por el espectro de la ortodoxia! No quieren llegar a esa definición, a esa ubicación, condición indispensable para constituir y dar vida a una alianza de clases oprimidas.

Lo que veo, por todos los síntomas, es que lo que se quiere es ganar tiempo, o mejor dicho, prolongar esta situación tanto como sea posible. Creo que no es posible consentirlo más tiempo. Mi posición está tomada. Mi ubicación la tomo con plena conciencia, con pleno conocimiento de cau¬sa. Hemos organizado nuestro grupo aquí. En los últimos días de abril recibirán allá el primer número de nuestro periódico, el que contiene nuestro manifiesto a los trabajadores y la definición de nuestra posición ideológica. No queremos atacar al Apra ni a sus dirigentes, ni a sus miembros. Enunciamos la cuestión con gran serenidad, limitándonos en lo posible a una labor didáctica y teórica. Desde aquí no podemos, o creemos que no debemos hacer más. Creo que no debemos debutar haciendo una crítica de orden político local, por dos razones: podríamos malograr la tarea de ustedes y podríamos también cerrarnos la puerta de entrada, que es lo que nos interesa, a todo evento, salvar.

No nos deje tan largo tiempo sin sus noticias. Esperamos conocer la opinión de ustedes. ¿Es que han organizado ya algún grupo o núcleo con tendencia y carácter de embrión por lo menos, del futuro partido clasista? Necesitamos sus instrucciones, sus sugerencias, sus rectificaciones. Hagamos, mi caro amigo, tarea colectiva. Iniciemos algo que signifique una más honda proyección histórica. Merced al trabajo de ustedes el terreno me parece apto para recibir esa semilla.

Acabo de recibir la carta y el libro de nuestro camarada Martínez de la Torre. Salúdelo. Le contestaré ampliamente. Un cordial abrazo. Saludos a su mujer, saludos a sus bebés. Fraternalmente suyo.